evaluación educativa

La evaluación educativa debería significar mucho más que ponderar las acciones el estudiante. Implicar a los docentes también resultaría ventajoso, ya que los resultados de los primeros intervendrán según el proceso de aprendizaje y enseñanza por el cual hayan transcurrido los alumnos, incluyendo el ámbito familiar. La evaluación educativa debe enfrentar un sinnúmero de reformas, especialmente aquellas orientadas al significado o enfoque que popularmente le damos, normalmente derivada a una equivoca opinión transmitida por la idiosincrasia, desde una perspectiva alejada a los términos globales.

Por décadas se ha brindado homenaje a la evaluación formativa, pero resalta únicamente la función orientadora y motivadora, sin considerar la acción sancionatoria. Esto implica que la ventaja principal de la evaluación no se encuentra en las normas, sino en la concepción que se dispone de esta y en su práctica escolar, ya que suele ser recios al dominio temático, capacidad investigativa e innovación.

Se debe exhortar al docente a tomar conciencia sobre el papel protagónico dentro del aprendizaje, de la visión que el infante pueda tener el mundo, ya que deberá implementar un conjunto de estrategias que permita que el alumnado pueda variar sus desempeños escolares en pro a resultados significativos.

El paradigma educativo debe orientarse a la innovación: Debe considerarse la necesidad de pasar de lo predecible hacia lo impredecible, llegando a vencer el temor al cambio. Este temor en muchos casos llega a formarse dentro del ámbito estudiantil. La idea es que la educación sea en sentido a la libertad, sin necesidad de descuidar los límites, y poder enseñar a pensar en base a la transformación personal que propague el bienestar humano.

La mayoría de los sectores educativos creen que el modelo de ‘memoriza y olvida’, muy frecuente entre los estudiantes, está afectando drásticamente la percepción y desempeño de los futuros dirigentes de los países.

Recursos que enseñarán al alumnado a programar antes de los 6 años

La programación es uno de los aspectos más relevantes del currículum escolar ya que permite que puedan desarrollarse competencias bajo un aprendizaje autónomo y continuo en la vida cotidiana. Se cree que el ámbito programático se puede aprender antes de los 6 años, a pesar que dentro del sistema educativo es enseñado a los 8 o 9 años de edad.

Si deseamos introducir la programación a esta edad, debemos de tomar en cuenta que muchos de los alumnos no sabrán leer ni escribir. Pero, podría abordarse el asunto bajo una perspectiva más básica y global, trabajado la resolución de problemas, capacidad espacio-temporal, creatividad e imaginación, además de la concentración y atención. A continuación, te planteamos algunos medios que puedes usar:

Cuentos: Existen varios cuentos que te permitirán trabajar el ámbito básico relacionado a la programación. “Mi robot en pijamarama” o “Hola Ruby”, son algunos cuentos que resultarán interesantes para tus alumnos.

Actividades grupales: La educación infantil es una etapa excepcional para enseñar las habilidades relacionas al ámbito de la programación, esto quiere decir, el pensamiento lógico, las secuencias y los algorítmicos, a pesar de que deban de adaptarse a los pequeños. Por ejemplo, se puede describir un dibujo al compañero sin que éste logre ver lo que dibuja. Para esto deberás tener indicaciones muy claras y con un orden en concreto. Mediante esta actividad los alumnos podrán introducirse en conceptos más profundos de una manera divertida. Las coreografías, la búsqueda del tesoro -juego- y las recetas de cocinas son actividades que pueden requerir de un conjunto de instrucciones.

Robots educativos: Cubetto es un robot orientado en Montessori, ya que permite que puedan desarrollarse habilidades de programación y robótica sin la necesidad de pantallas ¡Y mejor aún! de forma visual y manipulativa. Mediante un progresivo aumento de la dificultad de un sinnúmero de retos, las niñas y niños podrán aprender los conceptos básicos de la programación.